sábado, 27 de marzo de 2010
...el Corazón de Dios.
“Nosotros que creíamos poder excluir a Dios de nuestro ámbito cerrado o encerrarlo a él, mediante nuestra acción, hemos patentizado la exclusividad de su amor que nos mantiene apretados en sus brazos..."
"Entonces creó él su corazón y lo puso en medio del mundo. Un corazón humano que conoce el impulso y el anhelo de los corazones humanos..."
"Ya no se podía evitar su muerte en adelante. Pues ¿qué corazón se puede proteger a sí mismo? No sería un corazón si estuviera blindado y protegido; no sería un corazón, si, entregándose sin protección a la corriente impulsora, distribuyendo vida del propio acopio inagotable de vida, no olvidara todo lo demás en el júbilo de este derroche."
"La vida eterna eligió para sí el lugar de un corazón humano. Él decidió vivir en esta tienda de campaña tan movediza, y dejarse alcanzar. ¡Qué desnudez se ha dado Dios a sí mismo, qué tontería ha cometido!" "De este modo, Dios se abrió al mundo. Acogió en sí al mundo. Se convirtió en corazón del mundo. Se enajenó para ser corazón del mundo. La oculta cámara vino a ser camino principal, por el que descienden las caravanas de la gracia y por donde ascienden las largas filas de los que lloran y de los mendigos."
"A nadie se le puede dejar pasar de largo, todos necesitan de su ayuda, de su misión, de una clara descripción de su camino restante, de su consuelo, de su aprovisionamiento. Los peticionarios son incontables, hay que tratar cada caso en particular. Ningún destino es semejante al otro, ninguna gracia es impersonal."
Hans Urs von Balthasar sj viernes, 19 de marzo de 2010
sábado, 13 de marzo de 2010
conociendo a santa Rafaela
SANTA RAFAELA MARÍA FUE :
paciente,
servicial,
no fue envidiosa,
fue humilde, no buscó su interés, no devolvió mal por mal,
se alegró de la verdad.
Todo lo excusó, todo lo creyó, todo lo esperó, todo lo soportó.
Proclamó la grandeza del Señor.
Se alegró de su espíritu en Dios, su Salvador,
porque Él la miró y ella se dejó mirar por Él.
El poderoso hizo grandes obras en ella y por ella,
porque acogió su misericordia.
La enalteció por humilde,
la colmó de bienes: de su amor y de su gracia, y eso le bastó.
Fue "la criatura de la dicha",
porque fue pobre,
porque descansó en el Señor y esperó en Él,
porque fue mansa y humilde de corazón,
porque tuvo misericordia,
porque buscó la paz,
porque su corazón fue transparente a Dios,
porque supo dar sentido a la vida
llenándola de gozosa esperanza,
porque recibió TODO como don
del Corazón de Cristo,
porque en todas las cosas HIZO EUCARISTÍA.
paciente,
servicial,
no fue envidiosa,
fue humilde, no buscó su interés, no devolvió mal por mal,
se alegró de la verdad.
Todo lo excusó, todo lo creyó, todo lo esperó, todo lo soportó.
Proclamó la grandeza del Señor.
Se alegró de su espíritu en Dios, su Salvador,
porque Él la miró y ella se dejó mirar por Él.
El poderoso hizo grandes obras en ella y por ella,
porque acogió su misericordia.
La enalteció por humilde,
la colmó de bienes: de su amor y de su gracia, y eso le bastó.
Fue "la criatura de la dicha",
porque fue pobre,
porque descansó en el Señor y esperó en Él,
porque fue mansa y humilde de corazón,
porque tuvo misericordia,
porque buscó la paz,
porque su corazón fue transparente a Dios,
porque supo dar sentido a la vida
llenándola de gozosa esperanza,
porque recibió TODO como don
del Corazón de Cristo,
porque en todas las cosas HIZO EUCARISTÍA.
sábado, 6 de marzo de 2010
conociendo a santa Rafaela
"¡Qué omnipotencia la de nuestro Dios! ¡Qué dicha tener un Dios tan grande! Y a ese Dios tan inmenso lo hemos de poseer en su lleno por toda la eternidad, y ahora lo poseemos en el Santísimo Sacramento y viene todos los días a nuestro corazón. ¡Esto sí que es un mar sin fondo!" Santa Rafaela María del Sagrado Corazón
lunes, 1 de marzo de 2010
sábado, 27 de febrero de 2010
Segundo Domingo de Cuaresma
– Ciclo C (Lucas 9, 28b-36) –
28 de febrero de 2010
“(...) vieron la gloria de Jesús”
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.*
Julio Alberto Arango, cuando era decano del Medio Universitario de la Facultad de Ciencias de la Universidad Javeriana , me decía que la expresión Yo soy el que soy, con la que se identifica Yahvé ante Moisés al enviarlo a liberar a su pueblo de la esclavitud de Egipto (Cfr. Éxodo 3, 14), debería traducirse mejor como Yo soy el que seré. Esta posición también es defendida por algunos estudiosos de la Biblia actualmente. Se trata de una definición menos estática y, por tanto, más acorde con el Dios peregrino que hizo el camino del desierto con su pueblo y que sigue caminando hoy junto a nosotros.
La expresión Yo soy el que seré es un intento por expresar la dinámica de un Dios que nos promete que no descansará hasta ser nuestro Dios y hasta que nosotros seamos su pueblo (Cfr. Éxodo 6,7). Dicho de otra manera, como lo expresa Ira Progoff en una poesía: “Como el roble está latente en el fondo de la bellota, la plenitud de la personalidad humana, la totalidad de sus posibilidades creadoras y espirituales está latente en el fondo del ser humano incompleto que espera, en silencio, la posibilidad de aflorar”.
Cuando una institución humana se plantea su visión, desde la perspectiva de lo que se conoce como el Direccionamiento estratégico, está formulando su deseo de hacer el camino presente, desde el sueño del futuro. Otra expresión de esta realidad que estoy tratando de comunicar, es el título de uno de los libros y de una poesía de Benjamín González Buelta, S.J.: La utopía ya está en lo germinal. El final ya está presente al comienzo del camino. Cuando damos el primer paso, como Abraham, ya llevamos a cuestas la tierra prometida hacia la que nos mueve la promesa:
Esperaré a que crezca el árbol
y me dé sombra.
Pero abonaré la espera
con mis hojas secas.
Esperaré a que brote
el manantial
y me dé agua.
Pero despejaré mi cauce
de memorias enlodadas.
Esperaré a que apunte
la aurora
y me ilumine.
Pero sacudiré mi noche
de postraciones y sudarios.
Esperaré que llegue
lo que no sé
y me sorprenda.
Pero vaciaré mi casa
de todo lo conquistado.
Y al abonar el árbol,
despejar el cauce,
sacudir la noche
y vaciar la casa,
la tierra y el lamento
se abrirán a la esperanza.
Benjamín González Buelta, S.J.
Esto, precisamente, es lo que presenta san Lucas en el relato de la transfiguració n, al comienzo de nuestro tiempo de Cuaresma. Nos está señalando el final de nuestro camino, hacia el que vamos en compañía de Jesús. Como el Dios peregrino que marchó con el pueblo de Israel, nosotros no sólo somos lo que fuimos en el pasado, o lo que somos en el presente, sino que también somos ya lo que seremos en el futuro. Somos ya el sueño de Dios realizándose en esta historia concreta. Permitamos que Dios nos cree y nos salve, como es claramente su voluntad para nosotros hoy, dejando aflorar todas las posibilidades creadoras y espirituales que están latentes en el fondo silencioso de nuestra finitud. Esto es vivir auténticamente el tiempo de Cuaresma.
* Sacerdote jesuita, Decano académico de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana – Bogotá
Si quieres recibir semanalmente estos “Encuentros con la Palabra”,
puedes escribir a herosj@hotmail. com pidiendo que te incluyan en este grupo.
– Ciclo C (Lucas 9, 28b-36) –
28 de febrero de 2010
“(...) vieron la gloria de Jesús”
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.*
Julio Alberto Arango, cuando era decano del Medio Universitario de la Facultad de Ciencias de la Universidad Javeriana , me decía que la expresión Yo soy el que soy, con la que se identifica Yahvé ante Moisés al enviarlo a liberar a su pueblo de la esclavitud de Egipto (Cfr. Éxodo 3, 14), debería traducirse mejor como Yo soy el que seré. Esta posición también es defendida por algunos estudiosos de la Biblia actualmente. Se trata de una definición menos estática y, por tanto, más acorde con el Dios peregrino que hizo el camino del desierto con su pueblo y que sigue caminando hoy junto a nosotros.
La expresión Yo soy el que seré es un intento por expresar la dinámica de un Dios que nos promete que no descansará hasta ser nuestro Dios y hasta que nosotros seamos su pueblo (Cfr. Éxodo 6,7). Dicho de otra manera, como lo expresa Ira Progoff en una poesía: “Como el roble está latente en el fondo de la bellota, la plenitud de la personalidad humana, la totalidad de sus posibilidades creadoras y espirituales está latente en el fondo del ser humano incompleto que espera, en silencio, la posibilidad de aflorar”.
Cuando una institución humana se plantea su visión, desde la perspectiva de lo que se conoce como el Direccionamiento estratégico, está formulando su deseo de hacer el camino presente, desde el sueño del futuro. Otra expresión de esta realidad que estoy tratando de comunicar, es el título de uno de los libros y de una poesía de Benjamín González Buelta, S.J.: La utopía ya está en lo germinal. El final ya está presente al comienzo del camino. Cuando damos el primer paso, como Abraham, ya llevamos a cuestas la tierra prometida hacia la que nos mueve la promesa:
Esperaré a que crezca el árbol
y me dé sombra.
Pero abonaré la espera
con mis hojas secas.
Esperaré a que brote
el manantial
y me dé agua.
Pero despejaré mi cauce
de memorias enlodadas.
Esperaré a que apunte
la aurora
y me ilumine.
Pero sacudiré mi noche
de postraciones y sudarios.
Esperaré que llegue
lo que no sé
y me sorprenda.
Pero vaciaré mi casa
de todo lo conquistado.
Y al abonar el árbol,
despejar el cauce,
sacudir la noche
y vaciar la casa,
la tierra y el lamento
se abrirán a la esperanza.
Benjamín González Buelta, S.J.
Esto, precisamente, es lo que presenta san Lucas en el relato de la transfiguració n, al comienzo de nuestro tiempo de Cuaresma. Nos está señalando el final de nuestro camino, hacia el que vamos en compañía de Jesús. Como el Dios peregrino que marchó con el pueblo de Israel, nosotros no sólo somos lo que fuimos en el pasado, o lo que somos en el presente, sino que también somos ya lo que seremos en el futuro. Somos ya el sueño de Dios realizándose en esta historia concreta. Permitamos que Dios nos cree y nos salve, como es claramente su voluntad para nosotros hoy, dejando aflorar todas las posibilidades creadoras y espirituales que están latentes en el fondo silencioso de nuestra finitud. Esto es vivir auténticamente el tiempo de Cuaresma.
* Sacerdote jesuita, Decano académico de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana – Bogotá
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