domingo, 22 de julio de 2018


Levantándose muy de mañana, cuando todavía estaba oscuro, salió, y se fue a un lugar solitario, y allí oraba.

lunes, 21 de mayo de 2018

la santidad...

"Si buscamos la santidad que agrada a los ojos de Dios  en el capítulo
25 del evangelio de Mateo, versículos 31 al 46,  hallamos precisamente
un protocolo sobre el cual seremos juzgados.

Por lo tanto, ser santos no significa poner en blanco los ojos en un 
supuesto  éxtasis.

Ya decía el papa Juan Pablo II que, si verdaderamente hemos partido de la 
contemplación de Cristo, tenemos que saberlo descubrir sobre todo en el
rostro de aquellos con que Él mismo ha querido identificarse.

El texto de Mateo 25, 35-36, no es una simple invitación a  la caridad: es 
una página de cristología que ilumina el misterio de Cristo.

Reconocerlo en los pobres y sufrientes, revela los sentimientos y opciones 
de Cristo, con los cuales todo cristiano en su camino a la santidad, 
intenta configurarse.

Ante la contundencia de estos pedidos de Jesús,  es mi deber como Vicario
suyo, rogar a los cristianos, que acepten y reciban con sincera apertura,
sin elucubraciones y excusas que le quiten fuerza, estas bienvaenturanzas
que nos constituyen sus discípulos.

El Señor nos dejó bien claro que la santidad no puede entenderse ni vivirse
al margen de estas exigencias suyas, porque la misericordia está en el 
corazón palpitante del Evangelio".

sábado, 3 de marzo de 2018

de la CARTA APOSTÓLICA Misericordia et misera DEL SANTO PADRE FRANCISCO

20. Estamos llamados a hacer que crezca una cultura de la misericordia, basada en el redescubrimiento del encuentro con los demás: una cultura en la que ninguno mire al otro con indiferencia ni aparte la mirada cuando vea el sufrimiento de los hermanos. Las obras de misericordia son «artesanales»: ninguna de ellas es igual a otra; nuestras manos las pueden modelar de mil modos, y aunque sea único el Dios que las inspira y única la «materia» de la que están hechas, es decir la misericordia misma, cada una adquiere una forma diversa.Las obras de misericordia tocan todos los aspectos de la vida de una persona. Podemos llevar a cabo una verdadera revolución cultural a partir de la simplicidad de esos gestos que saben tocar el cuerpo y el espíritu, es decir la vida de las personas. Es una tarea que la comunidad cristiana puede hacer suya, consciente de que la Palabra del Señor la llama a salir siempre de la indiferencia y del individualismo, en el que se corre el riesgo de caer para llevar una existencia cómoda y sin problemas. «A los pobres los tenéis siempre con vosotros» (Jn 12,8), dice Jesús a sus discípulos. No hay excusas que puedan justificar una falta de compromiso cuando sabemos que él se ha identificado con cada uno de ellos.La cultura de la misericordia se va plasmando con la oración asidua, con la dócil apertura a la acción del Espíritu Santo, la familiaridad con la vida de los santos y la cercanía concreta a los pobres. Es una invitación apremiante a tener claro dónde tenemos que comprometernos necesariamente. La tentación de quedarse en la «teoría sobre la misericordia» se supera en la medida que esta se convierte en vida cotidiana de participación y colaboración. Por otra parte, no deberíamos olvidar las palabras con las que el apóstol Pablo, narrando su encuentro con Pedro, Santiago y Juan, después de su conversión, se refiere a un aspecto esencial de su misión y de toda la vida cristiana: «Nos pidieron que nos acordáramos de los pobres, lo cual he procurado cumplir» (Ga 2,10). No podemos olvidarnos de los pobres: es una invitación más actual hoy que nunca, que se impone en razón de su evidencia evangélica.