lunes, 24 de noviembre de 2014

El combate espiritual

El combate espiritual
Ron Rolheiser (Trad. Benjamín Elcano) 
La literatura espiritual ha destacado siempre la primordial lucha entre el bien y el mal, y esto ha sido entendido generalmente como una guerra, una batalla espiritual. Así, como cristianos, nos han advertido de que debemos estar vigilantes contra los poderes de Satanás y otras varias fuerzas del mal. Y hemos hecho la guerra a estos poderes no precisamente con la oración y la vigilancia moral privada sino con todo, desde el agua bendita hasta los exorcismos, la evitación dogmática de todo lo que hacer con lo oculto, los fenómenos paranormales, la alquimia, la astrología, el espiritualismo, las sesiones de espiritismo, la brujería, la hechicería y los tableros espiritistas. Para los cristianos, estos eran vistos como peligrosas situaciones a través de las cuales los espíritus malévolos podían entrar en nuestras vidas y hacernos daño.

De modo parecido, la escritura nos avisa sobre estas cosas. Nos dice que para que el mundo venga a su recapitulación y cumplimiento,  primeramente Cristo debe triunfar sobre todos los poderes que se oponen a Dios. Y, para que suceda esto, Cristo primero tiene que derrotar y destruir la muerte, las tinieblas, el mal, los poderes del infierno, los poderes de Satanás y varios “tronos, dominaciones, principados y potestades”.

¿Cuáles son, concretamente, esos poderes y cómo Cristo está, finalmente, para  triunfar sobre ellos? ¿Cómo podríamos concebir la batalla que está teniendo lugar?

Aclaramos más sobre el modo como la muerte será vencida: Nosotros creemos que la resurrección -la de Jesús y la nuestra propia- es como esa batalla debe ser ganada. En cuanto a Satanás y al infierno, cada uno de nosotros tiene su propia idea de lo que son, pero lo que compartimos en común como cristianos es la creencia de que estos no serán derrotados sino que continuarán existiendo en adelante y opuestos a Dios y al cielo por toda la eternidad. Esa es la común creencia cristiana, aunque no la universal. Siempre ha habido teólogos y místicos que creyeron que el triunfo total de Cristo ocurrirá cuando Satanás mismo se convierta y vuelva al cielo junto con todos los demás que están en el infierno. El amor de Dios -creen ellos- es tan poderoso que, al final, nadie, ni el mismo Satanás,  podrá contra él. Eventualmente, el amor ganará la voluntad de todos, y Cristo triunfará completamente cuando el infierno esté vacío.

Pero aún nos queda lo que la escritura llama “tronos, dominaciones, principados y potestades”. ¿Son estos, simplemente, otro modo de referirse a Satanás y sus poderes? ¿O se refieren estos a las  fuerzas espirituales que muchos creen están escondidas en lo oculto, la alquimia, la astrología, el espiritualismo, el espiritismo, la brujería, la hechicería y los tableros espiritistas? ¿Cómo podríamos conceptualizar las fuerzas espirituales malas?

En la medida en que no las desechamos considerándolas como  puramente místicas, todos las conceptualizamos de algún modo, normalmente en las imágenes gráficas dadas a nosotros en el Libro de la Revelación y por cientos de artistas cristianos. Y así, concebimos cierta clase de combate espiritual que sucede bajo la superficie de las cosas, una batalla espiritual entre el bien y el mal, un combate donde, eventualmente, Cristo triunfará  venciendo y destruyendo todos esos poderes malévolos, semejante a la primitiva batalla donde Miguel, el Arcángel, venció a Satanás y lo arrojó fuera del cielo.

Pero estas son imágenes arquetípicas, no expresadas para ser entendidas literalmente sino dichas más bien para señalarnos hacia algo más profundo. ¿Qué son, de hecho, los “tronos, dominaciones, principados y potestades” que están oponiéndose a Cristo y cómo van a ser vencidos? ¿Cómo podríamos conceptualizar el combate espiritual que continúa bajo la superficie de las cosas?

El combate espiritual que se describe en la escritura y en toda la auténtica espiritualidad tiene que hacer con lo oculto y los exorcismos menos de lo que tiene que hacer la maligna seducción del narcisismo, la avaricia, la ira, la amargura, el odio, la codicia, el agravio, el resentimiento y la ignorancia. Estos son los verdaderos “tronos, dominaciones, principados y potestades” que se oponen a Cristo, y la lucha contra ellos es la verdadera batalla entre el bien y el mal.

El auténtico combate espiritual se debe describir así: Dentro de nuestro mundo y dentro de cada uno de nosotros se lleva a cabo una feroz batalla, una guerra entre el bien y el mal; y estos son los contrincantes: el odio es amor combatiente; la ira es paciencia combatiente; la avaricia es generosidad combatiente; la amargura es gracia combatiente; la celosía es admiración combatiente; la opción por permanecer dentro de nuestros agravios es salud combatiente; aferrarse a los resentimientos es perdón combatiente; el ego y el narcisismo son compasión y comunidad combatientes; y el odio a sí mismo está en una amarga batalla con la aceptación del amor y el incondicional abrazo de Dios. La paranoia está  sosteniendo una guerra contra la metanoia. Esa es la verdadera guerra que continúa, en nuestro mundo y dentro de cada uno de nosotros.

Odio, ira, paranoia, avaricia, amargura, codicia, celosía, negación del perdón y odio a sí mismo son los “tronos, dominaciones, principados y potestades” de los que la escritura nos avisa. De aquí que el triunfo final de Cristo ocurrirá cuando la última de estas fuerzas sea eventualmente sojuzgada, cuando estemos finalmente en paz con la bondad, con el amor, con la confianza, con nosotros mismos, con los demás, con nuestra historia, con nuestros errores, con los que nos ha hecho daño, con aquellos a quienes hemos perjudicado, con nuestros defectos y con nuestra impaciencia con Dios.
Mientras tanto, habrá combate espiritual, primordiales batallas, por todo nuestro alrededor.


confianza

“El Alma más débil, incluso la más culpable, es la que tiene más derecho a confiar. Ese acto de olvido personal y de abandono en los brazos de Dios glorifica y alegra más al Señor que todos esos repliegues sobre sí misma y esos exámenes de conciencia que le obligan a ponerse en contacto con sus miserias cuando tiene en el fondo de su ser un Salvador que quiere purificarla constantemente”. (Carta#228. Beata Isabel de la Trinidad)

"Me parece que mi misión en el cielo consistirá en atraer las almas al recogimiento interior". Beata Isabel de la Trinidad

domingo, 23 de noviembre de 2014

CRISTO REY

"Yo soy Rey. Para esto nací, para esto vineal mundo, para ser testigo de la Verdad".(Jn 18, 36-37)