domingo, 29 de agosto de 2010

Cristo en la Eucaristía.

La psicología moderna ha acuñado el término "empatía": el conocimiento de una persona por otra desde "dentro", por una proyección simpática que vive las experiencias del conocido tal como aparecen en el cognoscente. Pero esta empatía humana es todavía una cosa remota e incierta que no puede salvar completamente el abismo entre dos espíritus separados. La "empatía" por la que somos conocidos por Cristo proviene de las profundidades de nuestro propio ser, y es tan profunda, que si queremos encontrar la verdad sobre nosotros mismos, debemos buscarla en El, en el momento de la sagrada comunión. Pues Cristo es nuestro "yo" más profundo e íntimo, nuestro más alto yo, nuestro nuevo yo como hijos de Dios. Esto es lo que significa para nosotros el decir con San Pablo: "Que para mí la vida es Cristo"(Fil 1, 21).
de "El pan vivo". Thomas Merton.págs. 128-129. Patmos. Libros de espiritualidad. (1957)
Sagrado Corazón de Jesús,


1. Te confío mis pensamientos y sentimientos, ordénalos según la recta intención.

2. Te confío mis angustias, que se calmen en el pozo de tu bondad.

3. Te confío mis pecados, que sean perdonados en la abundancia de tu misericordia.

4. Te confío a mis familiares y amigos, que nos amemos como Tú nos amas.

5. Te confío nuestra Iglesia, que seamos casa y escuela de comunión.

6. Te confío nuestra patria, que sepamos conservarla como un don que hemos recibido.

7. Te confío a los pobres, enfermos y desvalidos, son tus preferidos, que sepamos encontrarte y servirte en ellos.

Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.
Haz mi corazón semejante al Tuyo.
Ernesto Giobando sj

martes, 24 de agosto de 2010

Los dogmas marianos

LA MATERNIDAD DIVINA


El dogma de la Maternidad Divina se refiere a que la Virgen María es verdadera Madre de Dios. Fue solemnemente definido por el Concilio de Efeso (año 431). Tiempo después, fue proclamado por otros Concilios universales, el de Calcedonia y los de Constantinopla.

El Concilio de Efeso, del año 431, siendo Papa San Clementino I (422-432) definió:

"Si alguno no confesare que el Emmanuel (Cristo) es verdaderamente Dios, y que por tanto, la Santísima Virgen es Madre de Dios, porque parió según la carne al Verbo de Dios hecho carne, sea anatema."

El Concilio Vaticano II hace referencia del dogma así:

"Desde los tiempos más antiguos, la Bienaventurada Virgen es honrada con el título de Madre de Dios, a cuyo amparo los fieles acuden con sus súplicas en todos sus peligros y necesidades" (Constitución Dogmática Lumen Gentium, 66)

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LA INMACULADA CONCEPCIÓN

El Dogma de la Inmaculada Concepción establece que María fue concebida sin mancha de pecado original. El dogma fue proclamado por el Papa Pío IX, el 8 de diciembre de 1854, en la Bula Ineffabilis Deus.

"Declaramos, pronunciamos y definimos que la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María, en el primer instante de su concepción, fue por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente en previsión de los méritos de Cristo Jesús, Salvador del genero humano, preservada inmune de toda mancha de culpa original, ha sido revelada por Dios, por tanto, debe ser firme y constantemente creída por todos los fieles."

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LA PERPETUA VIRGINIDAD

El dogma de la Perpetua Virginidad se refiere a que María fue Virgen antes, durante y perpetuamente después del parto.

"Ella es la Virgen que concebirá y dará a luz un Hijo cuyo nombre será Emanuel" (Cf. Is., 7, 14; Miq., 5, 2-3; Mt., 1, 22-23) (Const. Dogmática Lumen Gentium, 55 - Concilio Vaticano II).

"La profundización de la fe en la maternidad virginal ha llevado a la Iglesia a confesar la virginidad real y perpetua de María incluso en el parto del Hijo de Dios hecho hombre. En efecto, el nacimiento de Cristo "lejos de disminuir consagró la integridad virginal" de su madre. La liturgia de la Iglesia celebra a María como la 'Aeiparthenos', la 'siempre-virgen'." (499 - catecismo de la Iglesia Católica)



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LA ASUNCIÓN

El dogma de la Asunción se refiere a que la Madre de Dios, luego de su vida terrena fue elevada en cuerpo y alma a la gloria celestial.

Este Dogma fue proclamado por el Papa Pío XII, el 1º de noviembre de 1950, en la Constitución Munificentisimus Deus:

"Después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces y de invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otorgó a la Virgen María su peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para aumentar la gloria de la misma augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado que La Inmaculada Madre de Dios y siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrenal, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo".

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La Santísima Virgen es nombrada también

bajo los títulos de:

Madre de la Iglesia y Madre de los hombres.

La Virgen no puede ser objeto de culto de adoración o latría (la adoración sólo corresponde a Dios). Pero sí se honra a la Virgen de una manera especial, a la que la Iglesia llama "hiperdulía" que es una veneración mayor a la que se da a los santos del cielo, ellos son objeto de culto de "dulía" o veneración.

domingo, 15 de agosto de 2010

ENCUENTROS CON LA PALABRA.Hermann Rodríguez Osorio, S.J.*

La mamá y el papá estaban viendo televisión, cuando la mamá dijo: ‘Estoy cansada y se está haciendo tarde; creo que ya me voy a acostar’. Fue a la cocina y dejó arreglada la masa para las arepas del desayuno, sacó carne del congelador para el almuerzo del día siguiente, revisó que el tanque de gas estuviera cerrado, llenó el envase del azúcar, puso la mesa y preparó la cafetera para la mañana. Recogió la ropa seca y la dejó junto a la mesa de la plancha, llenó una carga de ropa sucia en la lavadora, planchó una camisa del marido y le cosió un botón que estaba suelto. Recogió las piezas del juego que estaban en la mesa y puso la guía telefónica amarilla dentro de su cajón. Regó las matas, sacó la basura y colgó una toalla para que se secara. Bostezó y se estiró y se dirigió a su habitación. Se detuvo frente al escritorio y escribió una nota a la profesora de su hijo menor, contó el dinero para el día de excursión y sacó un libro de texto que estaba debajo de la silla. Firmó una tarjeta de cumpleaños para una amiga, la colocó en el sobre y le pegó la estampilla. Escribió una lista de cosas pendientes para comprar al otro día. Puso la carta y la lista cerca de su cartera. Se lavó los dientes, se puso crema facial y después se limó las uñas. El marido la llamó: ‘Creí que ya te ibas a la cama’. ‘Estoy en camino’, dijo ella. Llenó de agua el plato del perro y sacó al gato; se aseguró que las puertas y las ventanas estuvieran bien cerradas. Fue a revisar a los niños y apagó las luces de las lámparas de las camas, colgó una camisa, puso algunas medias en el cesto de la ropa sucia y tuvo una pequeña conversación con uno de los niños que todavía seguía despierto. Ya en su cuarto, puso la alarma del reloj, preparó la ropa para el día siguiente y arregló los zapatos. Incluyó tres cosas en la lista de cosas que hacer para el día siguiente. Para entonces el esposo apagó el televisor y anunció que ya se iba a dormir... y así lo hizo.


El texto que acabas de leer me llegó un día con el título: Honor a quien lo merece. Esta es la rutina simple de una madre de familia normal. La Virgen María debió sufrir del mismo síndrome del servicio. Pocos días después de recibir el anuncio de que sería la madre de Dios, sale de su casa y se va “de prisa a un pueblo de la región montañosa de Judea, y entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Cuando Isabel oyó el saludo de María, la criatura se le movió en el vientre, y ella quedó llena del Espíritu Santo. Entonces, con voz muy fuerte dijo: –¡Dios te ha bendecido más que a todas las mujeres, y ha bendecido a tu hijo! ¿Quién soy yo, para que venga a visitarme la madre de mi Señor? Pues tan pronto como oí tu saludo, mi hijo se movió de alegría en mi vientre. ¡Dichosa tú por haber creído que han de cumplirse las cosas que el Señor ha dicho! (...) María se quedó con Isabel unos tres meses, y después regresó a su casa”.

Tres meses acompañando a su prima Isabel que estaba esperando a Juan Bautista. Tres meses de servicio que debieron tener una continuidad normal a lo largo de su vida oculta en Nazaret. Las mamás, y María en esto no fue la excepción, tienen un don maravilloso de servicio que no siempre valoramos. Horas de dedicación silenciosa y amorosa a los oficios más sencillos y cotidianos. Muchas mamás de hoy comparten estas rutinas hogareñas con un compromiso laboral de tiempo completo por fuera de la casa. Algunas veces reciben el apoyo incondicional de sus maridos y de sus hijos e hijas. Pero otras muchas veces se sienten solas en estas labores diarias. Nadie nota que se hacen, pero sí nos damos cuenta cuando no. La exaltación de la Virgen María en la Asunción , debería animarnos a reconocer el trabajo de mamá en este día como el mejor homenaje a esas mujeres valientes que siempre tienen tiempo para mostrarnos el rostro amoroso de Dios en el servicio cotidiano.
* Sacerdote jesuita, Decano académico de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana – Bogotá
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miércoles, 11 de agosto de 2010

"Madre, pida usted seamos muy humildes toda la Congregación, yo sobre todo, que en las almas de esta clase es donde Dios descansará de tantas ofensas como le hacen y hacemos los que a El le estamos consagrados."

( carta a M. del Carmen Aranda, 24-4-1891)

sábado, 7 de agosto de 2010

Santa Rafaela:

"No me falta, gracias a Dios, fe, valor y confianza a pesar de mi debilidad. Esta me sostiene, sino, ¿qué sería de mí?