sábado, 27 de febrero de 2010

Segundo Domingo de Cuaresma
 – Ciclo C (Lucas 9, 28b-36) –
28 de febrero de 2010
“(...) vieron la gloria de Jesús”
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.*
Julio Alberto Arango, cuando era decano del Medio Universitario de la Facultad de Ciencias de la Universidad Javeriana , me decía que la expresión Yo soy el que soy, con la que se identifica Yahvé ante Moisés al enviarlo a liberar a su pueblo de la esclavitud de Egipto (Cfr. Éxodo 3, 14), debería traducirse mejor como Yo soy el que seré. Esta posición también es defendida por algunos estudiosos de la Biblia actualmente. Se trata de una definición menos estática y, por tanto, más acorde con el Dios peregrino que hizo el camino del desierto con su pueblo y que sigue caminando hoy junto a nosotros.

La expresión Yo soy el que seré es un intento por expresar la dinámica de un Dios que nos promete que no descansará hasta ser nuestro Dios y hasta que nosotros seamos su pueblo (Cfr. Éxodo 6,7). Dicho de otra manera, como lo expresa Ira Progoff en una poesía: “Como el roble está latente en el fondo de la bellota, la plenitud de la personalidad humana, la totalidad de sus posibilidades creadoras y espirituales está latente en el fondo del ser humano incompleto que espera, en silencio, la posibilidad de aflorar”.

Cuando una institución humana se plantea su visión, desde la perspectiva de lo que se conoce como el Direccionamiento estratégico, está formulando su deseo de hacer el camino presente, desde el sueño del futuro. Otra expresión de esta realidad que estoy tratando de comunicar, es el título de uno de los libros y de una poesía de Benjamín González Buelta, S.J.: La utopía ya está en lo germinal. El final ya está presente al comienzo del camino. Cuando damos el primer paso, como Abraham, ya llevamos a cuestas la tierra prometida hacia la que nos mueve la promesa:


Esperaré a que crezca el árbol
y me dé sombra.
Pero abonaré la espera
con mis hojas secas.

Esperaré a que brote
el manantial
y me dé agua.
Pero despejaré mi cauce
de memorias enlodadas.

Esperaré a que apunte
la aurora
y me ilumine.
Pero sacudiré mi noche
de postraciones y sudarios.

Esperaré que llegue
lo que no sé
y me sorprenda.

Pero vaciaré mi casa
de todo lo conquistado.
Y al abonar el árbol,
despejar el cauce,
sacudir la noche
y vaciar la casa,
la tierra y el lamento
se abrirán a la esperanza.

Benjamín González Buelta, S.J.

Esto, precisamente, es lo que presenta san Lucas en el relato de la transfiguració n, al comienzo de nuestro tiempo de Cuaresma. Nos está señalando el final de nuestro camino, hacia el que vamos en compañía de Jesús. Como el Dios peregrino que marchó con el pueblo de Israel, nosotros no sólo somos lo que fuimos en el pasado, o lo que somos en el presente, sino que también somos ya lo que seremos en el futuro. Somos ya el sueño de Dios realizándose en esta historia concreta. Permitamos que Dios nos cree y nos salve, como es claramente su voluntad para nosotros hoy, dejando aflorar todas las posibilidades creadoras y espirituales que están latentes en el fondo silencioso de nuestra finitud. Esto es vivir auténticamente el tiempo de Cuaresma.

* Sacerdote jesuita, Decano académico de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana – Bogotá
Si quieres recibir semanalmente estos “Encuentros con la Palabra”,
puedes escribir a herosj@hotmail. com pidiendo que te incluyan en este grupo.

conociendo a santa Rafaela


"¡Cuántos Hijos tiene Dios! Viendo el mundo

 crece el deseo de evangelizar.

Cada alma ha costado la sangre de un Dios".

jueves, 25 de febrero de 2010

El Sacramento de la Reconciliación.


  • del Catecismo de la Iglesia Católica:
1442 Cristo quiso que toda su Iglesia, tanto en su oración como en su vida y su obra, fuera el signo y el instrumento del perdón y de la reconciliación que nos adquirió al precio de su sangre. Sin embargo, confió el ejercicio del poder de absolución al ministerio apostólico, que está encargado del "ministerio de la reconciliación" (2 Cor 5,18). El apóstol es enviado "en nombre de Cristo", y "es Dios mismo" quien, a través de él, exhorta y suplica: "Dejaos reconciliar con Dios" (2 Co 5,20).

 1444 Al hacer partícipes a los apóstoles de su propio poder de perdonar los pecados, el Señor les da también la autoridad de reconciliar a los pecadores con la Iglesia. Esta dimensión eclesial de su tarea se expresa particularmente en las palabras solemnes de Cristo a Simón Pedro: "A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos" (Mt 16,19). "Está claro que también el Colegio de los Apóstoles, unido a su Cabeza (cf Mt 18,18; 28,16-20), recibió la función de atar y desatar dada a Pedro (cf Mt 16,19)" LG 22).

domingo, 21 de febrero de 2010

Apuntes espirituales de santa Rafaela María del Sagrado Corazón.

 23 de agosto,EE dados por el R.P. Spinetti



Ve claro que en ella hay dos: una pésima y otra bonísima. La pésima son sus pasiones y malas tendencias, que las tiene, y grandes, para estar siempre con la frente por tierra.
La buena, en contraposición, excelente. Si no se engaña, muchas veces divinizada, y la superabundancia de gracia es el freno que refrena la pésima.

Este conocimiento tan claro debe obligarme a ser muy, pero muy reconocida, y a tener gran confianza en nuestro Señor, pero no una confianza cualquiera, sino ciega e ilimitada, especialmente en las ocasiones graves. Dios me quiere a mí muchísimo, con privilegio especial; quiere que lo conozca para que fomente mi amor hacia El y una confianza sin limites. Entre El y yo quiere que haya el amor de esposo y esposa, pero que yo me perfeccione más en este amor haciéndolo todo con mayor perfección y ternura. Que viva y haga todo sólo para El y por El, para darle gusto a El solo.
Estas son las luces que he sacado en estos dos primeros días de Ejercicios"
(1)castellanización de "intoppi"(=estorbos, tropiezos).
Ejercicios hechos por santa Rafaela con la Comunidad de Roma, 1914.-

Tu rostro busco, Señor, 
no me escondas tu rostro.

sábado, 20 de febrero de 2010

miércoles, 17 de febrero de 2010

"Aceptar la voluntad de Dios".
En el corazón de la fe cristiana está la convicción de que, cuando se acepta la muerte con espíritu de fe, y cuando toda la vida se orienta a la entrega de sí, de manera que, al final, uno la devuelve alegre y libremente en las manos de Dios Creador y Redentor, entonces la muerte se transforma en plenitud. Vencemos a la muerte con el amor, y no por una heroica virtud nuestra, sino por participar en aquel amor con el que Cristo aceptó su muerte en una cruz. Todo esto no lo ve nuestra razón, sólo lo ve nuestra fe". Tomas Merton.  

martes, 16 de febrero de 2010

El Miércoles de Ceniza,
la Iglesia nos llama a la conversión
y nos propone tres medios muy concretos:

ayunar,

orar,

amar.

lunes, 15 de febrero de 2010

fidelidad a la sencillez

"Lo cierto es que estoy muy lejos de ser la persona que debería ser. Mi vida es todo un lío y un embrollo de subterfugios para evadir la gracia de Dios y mi deber. Todo lo he hecho mal. He desperdiciado grandes oportunidades. Pero mi infidelidad a Cristo, lejos de ponerme enfermo de desesperación, me impele a lanzarme, cada vez más ciegamente, en los brazos de su misericordia".
Tomas Merton.
“La fidelidad a la gracia en mi vida es fidelidad a la sencillez”.
Tomas Merton

domingo, 14 de febrero de 2010

"El "Vía Crucis" serpentea
por nuestras villas y ciudades,
por nuestros hospitales y fábricas,
y a través de nuestro campos de batalla;
sigue la ruta de la pobreza
y del sufrimiento en todas sus formas.
Es ahí, ante esas "Estaciones" del Via Crucis
donde hemos de detenernos y meditar,
rogando al Cristo doliente
que nos dé la suficiente fuerza para actuar".
Michel Quoist.


HAITÍ

La Misa



Jesús quiso dejar a la Iglesia un sacramento que perpetuase el sacrificio de su muerte en la cruz. Por esto, antes de comenzar su pasión, reunido con sus apóstoles en la última cena, instituyó el sacramento de la Eucaristía, convirtiendo pan y vino en su mismo cuerpo, y se lo dio a comer; hizo participes de su sacerdocio a los apóstoles y les mandó que hicieran lo mismo en memoria suya.

LAS BIENAVENTURANZAS. Evangelio de la Misa de hoy, domingo.

Entonces Jesús, mirando a sus discípulos, se puso a decir:

Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.
Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque Dios os saciará.
Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis.
Dichosos seréis cuando los hombres os odien, y cuando os excluyan, os injurien y maldigan vuestro nombre a causa del Hijo del hombre. Alegráos ese día y saltad degozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo; que lo mismo hacían sus antepasados con los profetas.
En cambio, ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya habéis recibido vuestro consuelo!
¡Ay de los que ahora estáis satisfechos, porque tendréis hambre!
¡Ay de los que ahora reís, porque gemiréis y lloraréis!
¡Ay, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros, que lo mismo hacían susantepasados con los falsos profetas!(Lc 6, 20-26)

sábado, 13 de febrero de 2010

conociendo a santa Rafaela

"Viéndome pequeña estoy en mi centro, porque veo todo lo hace Dios en mí y en mis cosas, que es lo que yo quiero".

jueves, 11 de febrero de 2010

La victoria del amor.

ORACIÓN DE CLAUSURA EN UNA CONFERENCIA ESPIRITUALDE CALCUTA (1968).Tomas Merton.

"LA VICTORIA DEL AMOR

Oh Dios, somos uno contigo.

Tú nos has hecho uno contigo

Tú nos has enseñado que si nos abrimos el uno al otro,

moras en nuestro interior.

Ayúdanos a preservar esta apertura

y a luchar por ella con todo nuestro corazón.

Ayúdanos a darnos cuenta de que no puede haber entendimiento

allí donde hay rechazo mutuo.

Oh Dios, al aceptarnos los unos a los otros de todo corazón,

completamente, plenamente, te aceptamos a ti,

y te damos gracias, y te adoramos, y te amamos con todo nuestro ser,

porque nuestro ser está en tu ser,

y nuestro espíritu está arraigado en tu Espíritu.

Llénanos pues de amor y que el amor nos una

cuando emprendamos nuestros diversos caminos,

unidos en este único Espíritu

que te hace presente en el mundo

y que te permite testimoniar la realidad última que es el amor.

El amor ha vencido. El amor es victorioso".

Amén.
MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI


PARA LA XVIII JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO

Queridos hermanos y hermanas:
El próximo 11 de febrero, memoria litúrgica de la Bienaventurada Virgen María de Lourdes, se celebrará en la basílica vaticana la XVIII Jornada mundial del enfermo. La feliz coincidencia con el 25° aniversario de la institución del Consejo pontificio para la pastoral de los agentes sanitarios constituye un motivo más para agradecer a Dios el camino recorrido hasta ahora en el sector de la pastoral de la salud. Deseo de corazón que ese aniversario sea ocasión para un celo apostólico más generoso al servicio de los enfermos y de quienes cuidan de ellos.



Cada año, con la Jornada mundial del enfermo, la Iglesia quiere sensibilizar a toda la comunidad eclesial sobre la importancia del servicio pastoral en el vasto mundo de la salud, un servicio que es parte integrante de su misión, ya que se inscribe en el surco de la misma misión salvífica de Cristo. Él, Médico divino, "pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo" (Hch 10, 38). En el misterio de su pasión, muerte y resurrección, el sufrimiento humano encuentra sentido y la plenitud de la luz. En la carta apostólica Salvifici doloris, el siervo de Dios Juan Pablo II tiene palabras iluminadoras al respecto: "El sufrimiento humano —escribió— ha alcanzado su culmen en la pasión de Cristo. Y a la vez ha entrado en una dimensión completamente nueva y en un orden nuevo: ha sido unido al amor (...), a aquel amor que crea el bien, sacándolo incluso del mal, sacándolo por medio del sufrimiento, así como el bien supremo de la redención del mundo ha sido sacado de la cruz de Cristo, y de ella toma constantemente su origen. La cruz de Cristo se ha convertido en una fuente de la que brotan ríos de agua viva" (n. 18).

El Señor Jesús en la última Cena, antes de volver al Padre, se inclinó para lavar los pies a los Apóstoles, anticipando el acto supremo de amor de la cruz. Con ese gesto invitó a sus discípulos a entrar en su misma lógica, la del amor que se da especialmente a los más pequeños y a los necesitados (cf. Jn 13, 12-17). Siguiendo su ejemplo, todo cristiano está llamado a revivir, en contextos distintos y siempre nuevos, la parábola del buen Samaritano, el cual, pasando al lado de un hombre al que los ladrones dejaron medio muerto al borde del camino, "al verlo tuvo compasión; y, acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y montándolo sobre su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: "Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva"" (Lc 10, 33-35).


Al final de la parábola, Jesús dice: "Ve y haz tú lo mismo" (Lc 10, 37). Con estas palabras se dirige también a nosotros. Nos exhorta a inclinarnos sobre las heridas del cuerpo y del espíritu de tantos hermanos y hermanas nuestros que encontramos por los caminos del mundo; nos ayuda a comprender que, con la gracia de Dios acogida y vivida en la vida de cada día, la experiencia de la enfermedad y del sufrimiento puede llegar a ser escuela de esperanza. En verdad, como afirmé en la encíclica Spe salvi, "lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que sufrió con amor infinito" (n. 37).



Ya el concilio ecuménico Vaticano II recordaba la importante tarea de la Iglesia de ocuparse del sufrimiento humano. En la constitución dogmática Lumen gentium leemos que como "Cristo fue enviado por el Padre "para anunciar a los pobres la Buena Nueva, para sanar a los de corazón destrozado" (Lc 4, 18), "a buscar y salvar lo que estaba perdido" (Lc 19, 10); de manera semejante la Iglesia abraza con amor a todos los afligidos por la debilidad humana; más aún, reconoce en los pobres y en los que sufren la imagen de su fundador, pobre y sufriente, se preocupa de aliviar sus necesidades y pretende servir en ellos a Cristo" (n. 8).



Esta acción humanitaria y espiritual de la comunidad eclesial en favor de los enfermos y los que sufren a lo largo de los siglos se ha expresado en múltiples formas y estructuras sanitarias también de carácter institucional. Quisiera recordar aquí las gestionadas directamente por las diócesis y las que han nacido de la generosidad de varios institutos religiosos. Se trata de un valioso "patrimonio" que responde al hecho de que "el amor necesita también una organización, como presupuesto para un servicio comunitario ordenado" (Deus caritas est, 20). La creación del Consejo pontificio para la pastoral de los agentes sanitarios, hace veinticinco años, forma parte de esa solicitud eclesial por el mundo de la salud. Y debo añadir que, en el actual momento histórico-cultural, se siente todavía más la exigencia de una presencia eclesial atenta y generalizada al lado de los enfermos, así como de una presencia en la sociedad capaz de transmitir de manera eficaz los valores evangélicos para la defensa de la vida humana en todas sus fases, desde su concepción hasta su fin natural.



Quisiera retomar aquí el Mensaje a los pobres, a los enfermos y a todos los que sufren, que los padres conciliares dirigieron al mundo al final del concilio ecuménico Vaticano II: "Vosotros que sentís más el peso de la cruz —dijeron— (...), vosotros que lloráis (...), vosotros los desconocidos del dolor, tened ánimo: vosotros sois los preferidos del reino de Dios, el reino de la esperanza, de la bondad y de la vida; vosotros sois los hermanos de Cristo sufriente y con él, si queréis, salváis al mundo" (Concilio Vaticano II. Constituciones. Decretos. Declaraciones. BAC, Madrid 1966, p. 845). Agradezco de corazón a las personas que cada día "realizan un servicio para con los que están enfermos y los que sufren", haciendo que "el apostolado de la misericordia de Dios, al que se dedican, responda cada vez mejor a las nuevas exigencias" (Juan Pablo II, constitución apostólica Pastor bonus, art. 152).



En este Año sacerdotal mi pensamiento se dirige en particular a vosotros, queridos sacerdotes, "ministros de los enfermos", signo e instrumento de la compasión de Cristo, que debe llegar a todo hombre marcado por el sufrimiento. Os invito, queridos presbíteros, a no escatimar esfuerzos para prestarles asistencia y consuelo. El tiempo transcurrido al lado de quien se encuentra en la prueba es fecundo en gracia para todas las demás dimensiones de la pastoral. Me dirijo por último a vosotros, queridos enfermos, y os pido que recéis y ofrezcáis vuestros sufrimientos por los sacerdotes, para que puedan mantenerse fieles a su vocación y su ministerio sea rico en frutos espirituales, para el bien de toda la Iglesia.



Con estos sentimientos, imploro para los enfermos, así como para los que los asisten, la protección maternal de María, Salus infirmorum, y a todos imparto de corazón la bendición apostólica.



Vaticano, 22 de noviembre de 2009, solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del universo.

miércoles, 10 de febrero de 2010

"Muéstranos Señor,
tus caminos,
danos luz
para no hacer más que lo que sea tu voluntad".
Santa Rafaela María

sábado, 6 de febrero de 2010

conociendo a santa Rafaela

"Haga por estar muy conforme con
la voluntad de Dios
y le volverá
la calma y la alegría a su espíritu"

de la Carta nº 192

De SANTA RAFAELA MARIA DEL SDO.CORAZÓN
"Palabras a Dios y a los hombres".Cartas y apuntes espirituales.
Madrid 1989.
Inmaculada Yáñez, aci